
As a clay urn
expertly crafted…
beautifully made…
lovingly formed…
are we.
Strong
and resilient…
yet
fragile…
delicate…
prone to injury.
We are perfectly made,
with our imperfections…
our weaknesses…
our flaws.
We hold within us
beauty and treasures.
We are filled
with the wonders
that our Creator
has chosen –
unique to each of us.
Many times
our treasures
go unnoticed.
They are hidden
from those who
judge…
value…
and give worth
to things
based only on what their eyes can see.
Sometimes…
even we ourselves
do not know…
we are unaware of…
the treasures
we hold inside…
the true worth
of our being…
the beauty of who we are…
until we are injured.
A chip in our clay…
a crack…
a broken or missing piece….
These do not make us
any less perfect…
they do not take away
our beauty or our worth
in the eyes of our Creator
or of those
who know and love us,
who understand
our true value.
And…
sometimes…
our greatest treasures
cannot be seen
and are not known
to us
or to others
until we are broken.
We are broken but not crushed.
We have scars
but have been healed.
We have new beauty,
formed
and only possible,
through our pain…
through our suffering…
through our injury…
through our brokenness.
Only then
can we be restored…
in life or in death…
to a new…
more beautiful…
and beloved
Creation.
This poem was inspired by 2Cor 4:7-9 – But we have this treasure in clay jars, so that it may be made clear that this extraordinary power belongs to God and does not come from us. We are afflicted in every way, but not crushed; perplexed, but not driven to despair; persecuted, but not forsaken; struck down, but not destroyed… I wrote it in the summer of 2020, as I navigated the stress of working night shifts as a hospice nurse and day shifts as a hospice chaplain, the sorrow of having my mother in a nursing home and only being able to talk with her on the phone looking through her window every day due to the pandemic, and yet feeling tremendous joy as my spiritual journey was leading me to a wonderfully profound transformation in my relationship with God and the church.
The above photo is of a clay pot that was made by one of my parents’ favorite Mexican potters. It fell and broke when I was moving, and I was devastated. I decided to pick up as many pieces as I could and glue them together. I keep it on a wooden stand, and on the wall above it, I have this poem framed.
La Vasija Rota
Como una vasija de barro
creada con destreza…
hecha hermosamente…
formada con amor…
somos nosotros.
Fuertes
y resistentes…
sin embargo
frágiles…
delicados…
propensos a lesiones.
Somos hechos a perfección,
con nuestras imperfecciones…
nuestras debilidades…
nuestras fallas.
Mantenemos dentro de nosotros
hermosura y tesoros.
Somos llenos
de las maravillas
que nuestro Creador
ha escogido –
únicas para cada uno.
Muchas veces
no se notan
nuestros tesoros.
Son escondidos
de aquellos que
juzgan…
valoran…
dan importancia
a las cosas
basado solamente en lo que sus ojos pueden ver.
A veces…
hasta incluso nosotros mismos
no sabemos…
no nos damos cuenta…
de los tesoros
que llevamos dentro…
del valor verdadero
de nuestro ser…
de la belleza de quienes somos…
hasta que nos lesionemos.
Una astilla en nuestra arcilla…
una grieta…
un pedazo roto o ausente….
Esto no nos hace
menos perfectos…
no quita
nuestra belleza ni nuestro valor
en los ojos de nuestro Creador
ni de aquellos
que nos conocen y nos aman,
los que comprenden
nuestro valor verdadero.
Y…
a veces…
nuestros tesoros más grandes
no se pueden ver
ni son conocidos
a nosotros
ni a otros
hasta que nos lesionemos.
Somos lesionados, pero no aplastados.
Tenemos cicatrices,
pero nos hemos sanado.
Tenemos nueva belleza,
formada
y sólo posible
a través de nuestro dolor…
a través de nuestro sufrimiento…
a través de nuestras heridas…
a través de nuestro quebrantamiento.
Solamente ahí
nos podemos restaurar…
en la vida o en la muerte…
a una Creación nueva…
más bella…
y más amada
que antes.
Este poema fue inspirado por 2Cor 4:7-9 – Con todo, llevamos este tesoro en vasos de barro, para que esta fuerza soberana se vea como obra de Dios y no nuestra. Nos sobrevienen pruebas de toda clase, pero no nos desanimamos; estamos entre problemas, pero no desesperados; somos perseguidos, pero no eliminados; derribados, pero no fuera de combate… Lo escribí en el verano del 2020, mientras navegaba el estrés de trabajar el turno de la noche como enfermera en cuidados paliativos y el turno del día como capellana en cuidados paliativos, la tristeza de tener a mi mamá en un hogar de ancianos y sólo poder hablar con ella por teléfono y verla a través de la ventana todos los días debido a la pandemia, y sin embargo sentir una alegría tremenda mientras mi camino espiritual me estaba llevando por una transformación maravillosamente profunda en mi relación con Dios y la iglesia.
La foto de arriba es de una vasija de barro hecha por un alfarero mexicano favorito de mis padres. La vasija se cayó cuando estaba mudándome de casa y estuve destrozada. Decidí recoger la mayor cantidad de pedazos posible y pegarlos nuevamente. La mantengo en un pedestal de madera y en la pared atrás, tengo enmarcado y colgado este poema.

Leave a comment