
“A lot of little miracles…
that aren’t usual.”
This is her description…
today…
of her end-of-life journey.
One day she asked me…
as I walked in the room
and she was looking
intently at the ceiling…
“Where did all the strawberries go?
They must have blown away!”
Then…
another day
the journey
was “unlikeable”
because she was
“barely hanging on.”
I wish I knew
what her “little miracles” are
how she perceives them…
what they look
or feel like…
but I will never know.
They are her miracles.
They are the miracle
God is giving to her
to make this journey…
this transition…
easier for her
not for me…
and not for anyone else.
We will each have
our own
“little miracles…”
our own
encounters…
our own
conversations…
to guide us
to comfort us
to prepare us
for what is to come…
to prepare us
for that great unknown…
for that vastness…
of…
that which we will discover
when it is our time
to know.
Just as I did with my last post, this poem is a tribute to my beloved mother. I wrote it two years ago; three days before she took her last breath. I’m posting it today, August 17, 2024; the day she would have celebrated her 90th birthday. Yes… my parents were born two weeks apart from each other. They met in 6th grade and were friends from the day my dad walked into my mom’s classroom and she fell in love with him, through Jr. High and High School, through college, and through the 58 years they were married, until the day he died.
In the last three weeks of my mother’s life, she said some very profound things about her dying process, including the ones I mention in this poem. The last one I heard her say was when she opened her eyes, looked around the room, and said, with a sense of awe in voice, “There’s so much space!” She closed her eyes again and died about 36 hours later.
This photo of my mother was taken in 2015.
Algunos Pequeños Milagros
“Algunos pequeños milagros…
que no son usuales.”
Esta es su descripción…
hoy…
de su camino hacia el final de su vida.
Un día me preguntó…
cuando entré su cuarto
y estaba viendo
atentamente hacia el tumbo…
“¿Adónde se fueron todas las fresas?
¡Deben haber salido volando!”
Y…
otro día
el camino
era “antipático”
porque estaba
“agarrada de las uñas.”
Me encantaría saber
cuáles son sus “pequeños milagros…”
cómo los percibe…
cómo se ven
o se sienten…
pero nunca sabré.
Son sus milagros.
Son los milagros que
Dios le está dando
para hacer más fácil
este camino…
esta transición…
para ella
no para mí…
ni para nadie más.
Todos tendremos
nuestros propios
“pequeños milagros…”
nuestros propios
encuentros…
nuestras propias
conversaciones…
para guiarnos
para confortarnos
para prepararnos
para lo que vendrá…
para prepararnos
para lo desconocido…
para esa gran inmensidad…
de…
lo que descubriremos
cuando sea nuestra hora
de conocer.
Así como hice en mi última publicación, ese poema es un tributo a mi madre amada. Lo escribí hace dos años; tres días antes de que tomara su último respiro. Lo estoy publicando hoy, el 17 de agosto de 2024; el día que hubiera cumplido 90 años. Sí… mis padres nacieron dos semanas el uno de la otra. Se conocieron en el sexto grado de primaria y fueron amigos desde el día en que mi papá entró el aula de mi mamá y ella se enamoró de él, a través de la secundaria, la universidad, y a través de los 58 años de matrimonio, hasta el día en que él murió.
En las últimas tres semanas de la vida de mi mamá, dijo algunas cosas muy profundas acerca de su proceso de morir, incluyendo las que menciono en este poema. La última que la escuché decir fue cuando abrió sus ojos, miró todo el cuarto, y dijo con una sensación de asombro en su voz, “¡Hay tanto espacio!” Cerró sus ojos nuevamente y murió después de unas 36 horas.
Esta foto de mi madre fue tomada en el año 2015.

Leave a comment